Obesidad infantil: cómo combatirla sin que el niño sufra

obesidad infantil

La obesidad infantil es un problema que afecta cada vez a más menores. De hecho, uno de cada cuatro niños españoles tiene un peso por encima de lo adecuado para su edad. Poner freno a este problema es uno de los objetivos que tienen las administraciones públicas y organizaciones mundiales que luchan por reducir las alarmantes cifras que se conocen de los últimos años.

Según un informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el número de casos de obesidad infantil se ha multiplicado por 10 en cuatro décadas, de 1976 a 2016.

Aunque Estados Unidos es uno de los países con unas tasas más elevadas de niños o adolescentes con sobrepeso, en Europa afecta a entre 12 ó 18 millones de personas.

Enseñarles a comer desde niños y controlar sus hábitos alimenticios es una obligación de los padres para tener una vida adulta saludable.

Aunque los más pequeños no son conscientes de la gravedad del asunto, hay que ayudarles a lograr un peso ideal sin que sufran.

¿Qué es la obesidad infantil?

 Cuando decimos que un niño está “gordito” no siempre es síntoma de que goce de una excelente salud, como muchos adultos creen. Aunque, por regla general, en principio no reviste gravedad sí puede derivar en consecuencias más serias.

Los primeros años de vida de nuestros hijos nos preocupamos de que sigan una dieta variada y equilibrada. Sin embargo, en muchas ocasiones descuidamos lo que comen no sólo cuando están en casa sino cuando salen. De hecho, según el Observatorio Nestlé sobre Hábitos Nutricionales, sólo el 17% de los padres da a sus hijos la cantidad de fruta recomendada y el 54% de verduras.

Un niño obeso es aquel que tiene un exceso de grasa o que tiene un peso superior al recomendado según su edad y su estatura.

Si en los adultos calculamos el peso a través del Índice de Masa Corporal, en los niños se mide según los patrones de crecimiento que establece la OMS. Estos los patrones van en función de la estatura y peso para la edad, el peso para su altura y el IMC para su edad. También se tienen en cuenta datos de referencia sobre el crecimiento entre los 5 y los 19 años.

Causas de la obesidad infantil

El sobrepeso infantil viene determinado por distintas causas y en la mayoría de casos, en nuestras manos está prevenir su aparición.

Entre las causas de la obesidad más frecuentes están:

  • Estilo de vida: una mala alimentación con gran cantidad de grasas y azúcares y un “picoteo” constante a base de alimentos procesados, bollería o snacks.

 

  • Sedentarismo: muchos niños de hoy día pasan horas en casa, viendo la televisión, la tableta o jugando con su Smartphone.

 

  • Falta de sueño: los malos hábitos en el sueño también afectan a los niños y son causa de que tenga trastornos de peso.

 

  • Estrés: el ritmo de vida que llevamos los adultos, las prisas, la cantidad de actividades a los que acuden desde el inicio de la etapa escolar…

 

  • Falta de tiempo de los padres: el hecho de que ambos progenitores trabajen fuera de casa hace que no vigilen muchas veces sus comidas por falta de tiempo. Les ofrecen comida rápida o procesada porque, además de gustarles es menos laboriosa.

 

  • Genética: el factor genético influye, pero no es determinante. Lo que ocurre es que unos padres obesos tienen unos malos hábitos alimentarios que inculcan a sus hijos.

De todas estas causas de la obesidad infantil, los tutores legales de los menores tenemos a nuestro alcance la información suficiente para erradicar el problema. Hay que pensar en las posibles consecuencias que tiene el sobrepeso en los niños más que en un simple problema estético.

La obesidad infantil y sus consecuencias

 Los niños que tienen un peso por encima de lo recomendado para su edad son propensos a padecer una serie de problemas que pueden aparecer antes de ser adultos.

No debemos esperar a que llegue un problema serio para actuar y prevenir la obesidad en nuestros hijos.

Aunque, las enfermedades más serias se suelen diagnosticar cuando son adultos, hay casos de niños con diabetes tipo 2, hipertensión o hígado graso.

 Algunas consecuencias de la obesidad infantil más frecuentes son:

 Alteraciones del metabolismo

 El exceso de grasa, acumulado especialmente en la zona abdominal tiene sus consecuencias a nivel metabólico, produciendo un desequilibrio.

Los niños obesos son más propensos a tener colesterol y triglicéridos altos que pueden perdurar toda la vida.

Diabetes

Relacionado con el desequilibrio del metabolismo, los niños con sobrepeso presentan una resistencia a la insulina que suele ser una señal de tener diabetes o presentar una intolerancia a la glucosa.

 Problemas de huesos

 Enfermedades como la artrosis es muy común en personas con obesidad. Se trata de una patología degenerativa que afecta a las articulaciones y además suele ser dolorosa.

Enfermedades cardiovasculares

Hay muchos informes y estudios que demuestran la relación entre la obesidad y el riesgo de padecer problemas de corazón. También es frecuente la hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares y riesgo de sufrir un infarto de miocardio.

Depresión o trastornos emocionales

Un niño con sobrepeso tiene una autoestima baja, debido a la presión social y a las posibles burlas que se producen en el colegio. Eso deriva en un estado de ánimo que afecta en sus relaciones personales e incluso puede provocar una depresión.

Bajo rendimiento escolar

Hay estudios que señalan la relación entre unos resultados académicos inferiores en los niños obesos en comparación con los que no lo son.

Los trastornos del sueño, la baja autoestima, los problemas del metabolismo… y el resto de consecuencias que hemos citado, influyen también en el rendimiento escolar.

Problemas dentales

Un consumo excesivo de azúcares, bollería, golosinas…produce caries en los niños. Cada vez son más frecuentes las consultas de odontología con niños muy pequeños que presentan caries y requieren un empaste.

Cómo prevenir la obesidad infantil

Antes de que el problema llegue a más o incluso cuando aún no le haya afectado, hay que seguir unos correctos hábitos.

La prevención es la mejor manera de ayudar a nuestros hijos y contribuir a que gocen de buena salud. Debemos de seguir unos consejos a la hora de adquirir unos hábitos alimentarios correctos desde la niñez que pasan por:

  • Predicar con el ejemplo: los niños imitan lo que ven y si en casa no coméis fruta o soléis freír patatas a menudo, ellos también querrán comer así.

 

  • Involucrarles en la elaboración de comida sana: pedirles ayuda cuando vais al mercado a que elijan la fruta o la verdura, a que echen el tomate a la ensalada o troceen la zanahoria cuando son más mayores, es un ejercicio sano.
  • Probar con diferentes formas de cocinado y presentación: si no le gusta el pescado a la plancha, hay que probar a hacerlo de otra forma o variar la presentación, aportando por ejemplo colorido al plato con verduras pequeñas.
  • Comer en familia: el ratito de las comidas es preferible hacerlo todos juntos, en la medida de lo posible. Si no es por la mañana, que sea a mediodía o en la cena. Intentad siempre conciliar los horarios para coincidir en la mesa.
  • Disfrutar de la comida sin distracciones: ver la televisión o la tablet mientras comen no es bueno. Tanto si comen demasiado poco como si pecan de exceso. Un niño obeso que mira la tele mientras come es probable que ingiera más cantidad de la adecuada.

 

  • No dejarles elegir lo que quieren comer: los padres debemos elegir el menú de los niños y no al revés. Hoy día es frecuente escuchar a los adultos decir “qué quieres comer hoy”. Ellos van a elegir probablemente lo menos saludable así es que no debemos darles la opción.
  • El desayuno, importante: según algunos estudios, los niños que no desayunan tienen mayor tendencia al sobrepeso. Si se van al colegio con el estómago vacío llegarán con más hambre, especialmente si no han tomado merienda a media mañana, y comerán de forma más impulsiva.
  • Ofrecer las cantidades adecuadas a su edad: los padres suelen preocuparse más de que coman poco a lo contrario. Los niños con sobrepeso comen más de la cuenta y tardan más en saciarse. Para evitarlo, es mejor hacer 5 ó 6 comidas al día para que lleguen a las comidas principales con menos apetito.

 

 

  • Los dulces, en ocasiones especiales: tener la despensa repleta de bollería, snacks o refrescos no ayuda. Es mejor fijar un día a la semana o al mes para comer de forma “menos sana”. De esa forma, disfrutarán más porque no suelen tenerlo a su alcance que si lo consumen con frecuencia. Además, es mejor alejar la tentación que tenerla a la vista.
  • Ejercicio diario: siempre es mejor llevarles al parque o salir a montar en bici que quedarse en casa viendo la tele. A diario es buena idea apuntarles a algún deporte que les llame la atención como la piscina, el tenis, la danza o el fútbol.

 

  • La comida no es un premio ni un castigo: es habitual premiar a un niño con una chuche si se ha portado bien o castigarles sin ella si ha sido desobediente. Sin embargo, aunque parezca funcionar, a la larga no es recomendable.

 

  • Libros, música y dibujos: las series de televisión de hoy día, así como numerosos libros y canciones promueven unos hábitos alimentarios saludables. Leer en familia, escuchar música o ver dibujos en los que la comida sana es protagonista, les ayuda a entender mejor su importancia.

 

Por tanto, la obesidad infantil es un problema cada vez más común que tiene solución. Erradicarlo pasa por cambiar los hábitos y conductas desde casa, pero también en el colegio, donde ya están trabajando en ello.

 

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